Salud Pública - Salud del Pueblo » La salud del poder - Luis Weinstein

Última actualización: 26/10/2014

LA SALUD DEL PODER

 

 


Luis Weinstein

lweinsteinc@gmail.com

 

 

El Poder como Acompañante Invisible

 

 

La atención primaria es una estrategia de camino socio cultural. Sus exigencias básicas, la participación, intersectorialidad, el reconocimiento del valor del saber popular, la búsqueda de tecnologías adecuadas, el trabajo del equipo… inciden, necesariamente, en el tema del poder. Hay resistencias y facilidades para “poder alcanzar las metas globales, transformadoras y los diversos componentes de la atención primaria en salud. Sin embargo, no es fácil encontrar instancias en que se abra lugar al diálogo y al esclarecimiento conceptual sobre la realidad del poder. ¿En qué consiste? ¿Cómo se vive en el contexto de aquel consultorio, de esa ONG, de aquella agrupación poblacional? ¿Cómo se relaciona la realidad del poder con la vida cotidiana, el modelo de desarrollo, la etapa histórica que se está viviendo?

 

Cuando se trata sobre temas que dicen relación con el poder, como el bienestar, la gestión, la comunicación, la participación, la autoridad, el clima organizacional y muchos otros que subentienden los derechos humano universales, la equidad y la igualdad, el poder es apenas rozado, permanece como tácito, tangencial, noción esquiva, olvidada, negada. Se da, incluso, muchas veces, en esas reuniones, una especie de malestar compartido, denotando una sensación de “mala fe”, de poca autenticidad, porque hay algo oculto, relevante, que no sale a la superficie, las relaciones de poder.

 

En ocasiones, generalmente en espacios informales o al calor de las luchas gremiales y los intereses corporativos, emergen las inquietudes y las denuncias por la dominación, el poder de unos sobre otros. Se critica el poder profesional, el de alguna autoridad, el de cierta personalidad, el de los médicos sobre el equipo, el de los economistas sobre los médicos, el de los administradores sobre los clínicos, el de los familiares sobre los parientes, el de los hombres sobre las mujeres, el de los adultos sobre los jóvenes y los viejos…

Insensiblemente entramo al sentir común, en todos esos ejemplos poder parece sinónimo de dominación, de opresión, de relaciones ajenas a la equidad, a la complementación, a la colaboración entre iguales. El poder, como categoría en sí, está sin ser aprehendida, invisible. De alguna manera, es una situación semejante a la de la salud. Poder y dominación se confunden al modo de Higia, la salud, queda sin espacio real, al margen de la retórica, frente al “poderoso” Esculapio, la medicina.

 

 

Algunas Dimensiones del Poder

 

Más que una definición del poder, queremos sugerir algunos de sus rasgos constitutivos, vistos desde una óptica transdisciplinaria, de “salud integral”. Desde ella, nos referimos, desde luego, al poder humano, diferenciado del potencial de la naturaleza y la máquina, o de los instrumentos legales, los caballos de fuerza y los documentos notariales.

 

Hay un cierto sincretismo, una sobre posición, entre salud y poder. Poder es capacidad humana, en general, salud es la distinción, intencionada, sesgada, de ciertas capacidades o poderes estimados positivos, tendientes al bienestar, a los derechos a todo y de todas las personas. De allí que el poder sea un componente muy importante de la salud. Cuando hablamos de la capacidad vital o de la capacidad de integrar como rasgos de salud, el poder está inscrito en ellos como los alcances, la medida de la capacidad vital y de la capacidad de integración.

 

A la inversa, tal como existe un poder de la salud, hay también, una salud del poder, que indica la dirección del poder. Desde la salud integral, el poder de dominación es poder de “mala salud”. Eso es lo que queremos proponer. Contribuir a la discusión sobre el concepto de poder en el supuesto de que ello aporta al desarrollo de un “poder saludable”, y, a través de ello, a la propia salud, en el sentido holístico integral. Es decir, también, aportar a la atención primaria.

 

Nos parece importante, para toda la cultura, el que se profundice en la realidad del poder pero ello es particularmente relevante en quienes son facilitadotes del cambio. En especial, en los trabajadores de la atención primaria. Para llevar a cabo exámenes abiertos sobre el tema del poder, hay que hacer propia la noción, no memorizar una definición, sino llegar, con autonomía, con lucidez, con confianza, a una concepción personal, libre de prejuicios y rigideces. No hay recetas sobre el poder. Hay que examinar la noción, examinarse uno mismo.

 

Pretendemos motivar la reflexión sobre el tema, a sabiendas de su carga valórica, de los inevitables sesgos, de la necesidad de contextualización, de que es terreno de estudios, especializados en ciencias políticas, psicología antropología y toda clase de aproximaciones multi, Inter., y trans disciplinarias.

 

Queremos, hay que insistir motivar la revisión del tempo poder – salud en conversaciones conflictos, talleres y otras instancias formativas. El enfrentamiento, por lo menos, de dos preguntas básicas, qué es poder, qué es un poder “saludable”.

 

¿Qué es el poder? Sí el lector “puede” contestar la pregunta, es que evidencia un cierto poder… En este caso poder de atención, de memoria, de conocimiento, de asociación, de seguridad de expresión, de interés en el diálogo… A lo mejor no “puede” hacerlo, por debilidad en la posesión o actualización de uno o más de esos “poderes”.

 

En esta digresión sencilla hacemos una afirmación fundante, que ya es reiterativa. En el presunto “poder” de respuesta no hay, necesariamente, elementos de dominación sobre otro. En el preguntar y el responder se dan, al nivel elemental, gérmenes de poder, sin apellido, poder en sí.

 

Todos tenemos poder, de preguntar, responder, abstenerse, hacer, fantasear, luchar…la lista es compleja e interminable. Es posible, sí, intentar especificar “planos” de poder, grandes niveles o dimensiones con que cabe llevar a cabo algunas distinciones útiles para la salud.

 

Proponemos cinco dimensiones, interdependientes, aislables sólo para fines didácticos. Ellos son la del poder de ser, el de la conciencia, el de la identidad, el de la fuerza o energía, el de la dirección del poder.

 

a)   El poder de ser es nuestra condición primaria de existir como humanos. Es el más olvidado o negado en nuestra cultura pragmática, operativa. Es complejo cuando se le examina sin temor, adentrándonos en nuestra condición de ser, es contradictorio, dentro y fuera de la naturaleza, con y sin espacios de elección y de certezas.

 

b)   Contamos con la capacidad poder de darnos cuenta, de la conciencia, también tensada por la opacidad de lo inconsciente, los límites de lo imaginario y la realidad perceptiva.

 

c)   El ser y el darnos cuenta se continuan con nuestro poder de identificación, de tener un centro involucrador, un yo, núcleo de la conciencia de sí, del sentirse más o menos parte o aislado del resto.

 

d)   El poder energía es el contenido del poder; nuestra fuerza física, los alcances del psiquismo, la potencia sexual, la capacidad económica, las armas, la capacidad económica, las armas, las influencias. Es lo que habitualmente se llama poder, “poder militar”, “poder del dinero”.

 

e)   Finalmente, el poder tiene una dirección, se lleva la fuerza hacia el trabajo, las relaciones humanas, la guerra, el lucro, las camarillas, la solidaridad…

 

 

La Posible Salud del Poder

 

El poder se puede orientar hacia la auto realización, la confrontación, las relaciones ecológicas… Podemos enumerar infinitas vertientes de expresión. Desde la salud integral, desarrollo del potencial de cada uno y de todos, en armonía con la naturaleza rescatando la peculiar forma de ser humano, su conciencia, su capacidad de identificación consigo y con los otros, son importantes las siguientes condiciones para un “buen poder”, un poder “sano”.

 

1.   La armonía entre la igualdad básica humana y el derecho a diferenciación cultural, de género, de edad, grupal, vincular e individual.

 

 

2.   La orientación sustentable, el ejercicio de los poderes, ahora, en armonía con las próximas generaciones, con los otros, en general.

 

 

3.   El equilibrio entre el poder de identificación acotado, a sí mismo, los familiares, los inmediatos, y la apertura a la identificación con la especie y con el planeta, partiendo con la relación de equidad con todos.

 

4.   La sinergia entre el desarrollo “de” los humanos y la búsqueda de “medios” para facilitar ese desarrollo, sin permitir que las cosas y las técnicas predominen sobre la actualización de las condiciones para la evolución individual y social.

 

5.   La atención a las necesidades y derechos de todos. No hay poder sano con pobreza económica, comunicacional o espiritual.

 

 

6.   En el contexto de la salud del poder, debe analizarse el poder de dominación, las condiciones en las que se establece poder sobre otro – otros. De nuevo con grandes esquematizaciones reduccionistas, cabe una enumeración propia del socio psicoanálisis.

 

 

6.1       El poder impuesto “a la fuerza”. Allí entra la fuerza física y la de la astucia, la del dinero y la de las armas.

 

6.2       El poder de dominar por “autoridad”. Es una variante del anterior, pero se apoya en la estructura binaria de la cultura y de la personalidad en que se privilegia el mandar-obedecer por sobre el diálogo igualitario y la reflexión informada, autónoma.

 

6.3       La imposición especial por seducción, por carisma, que no pesa por la distancia del centro individual y el análisis discriminativo.

 

Entre cierto misticismo que desea negar la realidad del poder y la ceguera autoritaria o totalitaria que opta por el poder de dominación, es importante afirmar un poder humanizador, consciente de los límites humanos, abierto a los derechos de todos y a la creatividad para diferenciarse, buscador de una integración con el planeta y con la vida. Ese poder es la base de la posible participación, el trabajo en equipo, la interdisciplinariedad, la integración de los Silos… la atención primaria. Para abrirle camino hay que realizar profundos cambios culturales en que Higia, la higiene de la conducción del desarrollo, debe ser un actor fundamental, impulsando el poder de la salud y la salud del poder, trabajando la noción de poder.

Referencias

 

Caneti, Elias “Masa y Poder”. Muchnik Editores, Barcelona 1981.

 

 

Ferguson, Marilyn “The aquarian conspiracy”. Library Of Congredd, Washington 1980.

 

 

Foucault, Michel   “Micro Física del Poder”, La Piqueta, Madrid 1980.

 

Guattari, Felix        “Revolución Molecular y Lucha de Clases”, Apuntes sin fecha.

 

Hamburger, Jean  “El Poder y la Fragilidad”, Emece, Buenos Aires 1975.

 

Mandrioni, Héctor “Sobre el Amor y el Poder”, Ed. Docencia, Buenos Aires 1986.

 

Monclus, Antonio “El problema del Poder: ámbito y disolución”, Apuntes sin fecha.

 

Ladriere, Jean y Ricoeur, Paul  “El Poder”, Ed. del Pacífico,         Santiago 1975.

 

Legrand, Michel    “Rapports de Pouvoir, Famille et Technologies Psychologiques, Cabay “ Lovaina La Nueva Belgica sin fecha.

 

Schernerhom, Richard  “El Poder y la Sociedad”, Paidos,

                                         Buenos Aires 1963.

 

 

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