Sentipensares » Salvador Allende: Los Desafíos del Derecho a la Salud Ayer y Hoy – Benjamin Malamud

Última actualización: 10/09/2013

SALVADOR ALLENDE

 LOS DESAFÍOS DEL DERECHO A LA SALUD AYER Y HOY

 

 

 

Benjamin Malamud

Pediatra

La Falda, Córdoba

malamudbenja@gmail.com,

             A 40 años del sangriento golpe de estado contra el gobierno socialista encabezado por el Dr. Salvador Allende, pensé que sería oportuno rescatar y exponer los aspectos centrales de su enfoque de la salud pública, del médico que llegó por la vía de la democracia a ocupar el máximo lugar que esta otorga a un ciudadano en la conducción de un país. Parto de su compromiso con la misma función médica, a la que jerarquizó, cuando es elegido senador, creando el Colegio Médico de Chile, institución deontológica y científica de la cual fue su primer presidente, e institución que le da la espalda durante el golpe de estado que lo lleva a un trágico final.

Entre uno y otro episodio (1945 senador y 11/ 9/1973, fecha del golpe) muchas otras cosas pasaron. Desde sus inicios su atención se concentra en los grandes problemas médicos sociales que afectaban a los sectores más desfavorecidos de la población. Trabajó enfrentando poderosos intereses al reformarse la Ley de Accidentes del Trabajo, destinado a la protección de las víctimas de lesiones laborales y de enfermedades profesionales. Se ocupó asimismo de los médicos como trabajadores con responsabilidades pero también con derechos, creando el Estatuto del Médico Funcionario, estableciendo horarios de trabajo y salarios de quienes se desempeñaban en el sector público.

 Pero su gran misión estaba orientada a un logro que aún se valora y fue la creación en 1953 del Servicio Nacional de Salud  (SNS), reuniendo las actividades de de diversas áreas desperdigadas como Sanidad, Beneficencia y Asistencia Social, Seguro Social y Dirección de Protección de la Infancia y Adolescencia. Sus efectos en la salud del pueblo se hicieron sentir de inmediato, especialmente en las actividades preventivas y su envergadura fue creciendo hasta llegar en 1971 a una cobertura de 7.000.000 de beneficiarios.

Aunque no logró ser un Sistema Único de Salud, fue ya en su gestión Presidencial uno de los logros más valorados por organismos internacionales que lo mostraban como paradigmático. Y justamente, ese gran logro lo ponía en una situación de enfrentamiento total con quienes ya venían propiciando el desarrollo de otro modelo esencialmente privatista, donde la salud por medio de grandes inversores en seguros y prepagos y la voraz industria farmacéutica era un gran negocio al que el SNS le impedía acceder. 

En 1972 llega a los 8 millones de beneficiarios e incorpora un derecho a la nutrición de los niños y madres chilenas: el medio litro de leche. Se desarrolla desde su gestión gubernativa la expansión del sistema de salud hacia los barrios, no solo con policlínicos, sino también con consejos locales de salud, uno de los pilares de la Atención Primaria de la Salud, donde profesionales y pueblo compartían la detección de problemas vecinales y la búsqueda de soluciones.

Los resultados fueron sorprendentes: en 3 años la mortalidad infantil bajó 17 puntos, la desnutrición descendió un 17% y al mejorar la accesibilidad se elevaron las consultas programadas en un 21 % y las de emergencia en un 65%. Todo esto en medio de una situación altamente conflictiva donde los grandes intereses internacionales sacudidos por la nacionalización del cobre, la poderosa oligarquía con su diario El Mercurio, solventado con u$a 2.000.000 por la CIA al igual que algunos sindicatos como el de los camioneros, según los documentos rebelados más recientemente y una clase media que expresaba su disconformidad caceroleando.

Volvamos al renovado SNS, que para poder cumplir sus objetivos necesitaba muchos recursos, entre ellos y quizás uno de los más importantes, médicos y otros profesionales de la salud bien formados y con vocación por trabajar en pro de la salud del pueblo y con el pueblo. Este concepto chocaba con la formación de pre y pos grado de las universidades que priorizaban la formación de médicos con una alta excelencia y orientados a un mercado donde el retorno económico esta fuertemente presente. Y es entonces que su gobieno llama a trabajar en esos centros urbanos, sub urbanos y rurales, a médicos de otras latitudes. Llegaron médicos cubanos, argentinos, peruanos y estalló un conflicto que sirvió para que las cúpulas del Colegio Médico de Chile confrontaran con su fundador.

Estamos en la década del 70, pero si los lectores de esta nota recuerdan encontrarán similitudes con lo que está pasando actualmente en Brasil, donde por el peso de los reclamos multitudinarios de hace un par de meses, que entre otras cosas reclamaban más y mejor atención médica, Dilma Roussef, Presidenta del hermano país, toma la decisión de contratar más de 20.000 médicos latinoamericanos. La protesta del gremio médico brasileño fue inmediata, con duras descalificaciones a los colegas que aceptaron el desafío de trabajar allí donde para otros médicos locales, esto no era rentable. Y si seguimos abusando de la memoria encontraremos en los archivos experiencias semejantes en Venezuela, Bolivia y en el propio Brasil cuando gobernaba Luis I Da Silva, Lula. El contexto de la democracia Brasileña de esta época, no nos hace pensar en que se la pudiera golpear como ocurrió en el Chile de los 70, donde ya hay “Más de 20.000 documentos desclasificados en Estados Unidos, que confirman que este país instó y apoyó el golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973, y que se incorporarán a la base de datos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos”.       (Según elmundo.es 27 11 2010).

El dilema podría trasladarse a nuestro país donde es evidente que hay una plétora de médicos en los grades centros urbanos y áreas ricas o turísticas y faltan por ejemplo en áreas rurales o suburbanas empobrecidas del norte de nuestra provincia, donde incluso hasta las clínicas privadas se están cerrando.

El SNS en la concepción estratégica de Allende pretendía cubrir la geografía chilena con una calidad de atención pública de alto nivel ético-científico y fuerte compromiso con la comunidad. Hace 10 años,  aquellos que siguieron cultivando los valores del primer gobierno socialista de América, constataban: “Han pasado30 años desde el golpe militar y la medicina en Chile ha cambiado profundamente. Para muchos se ha convertido en un lucrativo negocio. Las clínicas privadas, Isapres, cadenas de farmacias, obtienen utilidades enormes. Las transnacionales farmacéuticas controlan la mayor parte del mercado y cobran altos royalties. El sistema público de atención esta dividido entre atención hospitalaria y atención externa en policlínicos y consultorios, que dependen de los municipios”.

 Lo mismo ocurrió en nuestra provincia afectándonos a La Falda con esa municipalización salvaje del 95, reproduciendo el mismo modelo del Banco Mundial, acentuando los abismos entre poblaciones y municipios ricos y empobrecidos.

Aquí se ve agravado el problema de recursos si los municipios no se someten a la voluntad de los niveles superiores de poder.

Mi homenaje a este héroe de la democracia con justicia social, consiste en seguir bregando por un sistema de salud con las virtudes por las que luchó y murió Salvador Allende. 

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