Cuentos » Nuestro viaje al punto de fuga - Andrés Monsalvo

Última actualización: 28/04/2009

Un día Mariano y yo, Andrés, estábamos en nuestra cabaña del árbol. El sol lucía bien alto, y hacía mucho calor. Mariano estaba dibujando, y yo esperaba que terminara sus dibujos para incluirlos en nuestro periódico. Parecía que iba a necesitar mucho tiempo, pues estaba ahí sentado con la mirada perdida en el infinito. La verdad es que estábamos un poco aburridos, y esperábamos ansiosamente a Germán, a ver si nos inspiraba algo.

En el momento en que estábamos a punto de dejarlo para ir a nadar, Germán apareció como siempre, como un verdadero tornado. Nos saludó con una sonrisa , y en dos grandes pasos se puso al lado de Mariano a mirar lo que estaba dibujando.
 
“Tenés que hacer un viaje al Punto de Fuga”, dijo Germán.
 
Germán nos dijo que uniéramos nuestras manos y cerráramos los ojos. Cuando los abrimos otra vez, estábamos en la cabina del mecánico de un tren de vapor. Germán se había cambiado muy rápidamente de ropa, y ahora tenía un gorra de mecánico. “Uuuuh-Uuuuh!”, Germán había hecho sonar el silbato, y se rió cuando salió el vapor por encima de nuestras cabezas.
 
“¿Podéis ver el Punto de Fuga?”, nos preguntó. Mariano y yo nos asomamos por la ventana y esforzamos nuestros ojos. Pero todo lo que veíamos eran las vías del ferrocarril justo delante de nosotros. Los dos rieles parecían estar más juntos uno de otro cuanto más lejos mirábamos hasta que al final los rieles desaparecían en el horizonte.
 
Mariano y yo nos miramos, “No veo nada que se parezca a un punto de fuga”, dijo Mariano.
 
“¡Pues esa el la cosa!”, saltó Germán. “No se puede ver porque se escapa….se fuga”. Mariano me miró extrañado. “Mirad las vías otra vez”, nos dijo Germán- “¿Qué podéis ver?”. Mariano respondió: “Las vías del ferrocarril… Los rieles son paralelos, y por eso en realidad, nunca se tocan. Pero cuanto más lejos miramos, más cerca parece que están los dos rieles, hasta que desaparecen completamente en el horizonte”·.
 
Germán respondió: “¡A ver, Mariano! Dime otras palabras que quieran decir lo mismo que desaparecer”. Me estrujé el cerebro, y pronto apareció la bombilla de la idea: “escaparse, fugarse”, respondí.
 
“¡Bingo!”, dijo Germán.
 
Mariano me miró, y otra vez miró los rieles. “Justo donde parece que los rieles se tocan, parece que se fugan hacia el horizonte, desaparecen”.
 
Germán sonreía. “Pero nunca llegaremos a ese sitio”, dije yo. “Por más rápido que vayamos, el punto de fuga siempre estará delante de nosotros, ¿no?”.
 
Mariano dijo: “Y detrás de nosotros”, mientras miraba hacia atrás, que cada vagón parecía más pequeño cuanto más lejos está. El último vagón parecía como un tren de juguete… un diminuto punto a lo lejos: ¡el Punto de Fuga!.
 
De repente otra vez estábamos en la casita del árbol. Germán se apresuraba para ir a su siguiente reunión, y gritó “¡Hasta otra, chicos!” Le vimos irse calle abajo haciéndose cada vez más pequeñito hasta que - ¡Fluuup! – desapareció.
 
“Pues ahora ya sé lo que hay que hacer para que estos dibujos queden mejor”, me dijo Mariano mientras se disponía otra vez a dibujar. “Necesita algo de perspectiva. Dibujaré las cosas del fondo más pequeñas cuanto mas lejos estén, igual que en la vida real”. Y diciendo eso, se puso a pintar. Mientras yo escribiría la historia de nuestro viaje al Punto de Fuga.
 
NUESTRO VIAJE AL PUNTO DE FUGA 2
 
Desde el viaje al Punto de Fuga, Mariano empezó a hacer sus dibujos como en la realidad (el primero más grande que el segundo, el segundo más grande que el tercero y así sucesivamente)
 
Lo que pasó es que sus dibujos fueron tan buenos que el Punto de Fuga se hizo real por lo tanto el dibujo se movía y no siempre se veía igual.
 
Germán, Mariano y yo pensamos mucho para detener el Punto de Fuga y que éste deje de ser real y sea dibujado.
 
Mariano empezó el dibujo otra vez. Pero nada, el Punto de Fuga continuaba siendo real.
 
Corrían los minutos y nosotros seguíamos pensando cómo detener el Punto de Fuga, hasta que….”¡Viajemos al dibujo!”, se le ocurrió a Germán.
 
Todos cerramos los ojos y nos imaginamos que estábamos en el dibujo y… cuando los abrimos, ooooh! ¡Sorpresa! ¡Estábamos en el dibujo! “¿Qué hacemos ahora?”, pregunté. “Buena pregunta”, dijo Germán.
 
Estábamos dibujados, entonces se nos ocurrió dibujar un auto para avanzar e identificar el problema… Mientras avanzábamos, íbamos dibujando el primer árbol más grande que el segundo, el segundo más grande que el tercero, el tercero más grande que el cuarto y así sucesivamente, pero nada ocurrió. Entonces nos dimos cuenta que debíamos dibujarlos a todos del mismo tamaño, y cuando los viéramos desde un punto se iban a ver en escalera. Efectivamente, cuando regresamos al lugar donde habíamos partido el Punto de Fuga seguía estando allí, pero el dibujo dejaba de moverse.
 
Fue en ese momento en que nos dimos cuenta que estábamos dibujados, podíamos añadirnos y quitarnos cosas. Así fue como nos dibujamos trajes de astronautas, disfraces de monstruos, cofres repletos de joyas y muchísimos adornos para la cabaña del árbol.
 
Cerramos los ojos y regresamos a la cabaña del árbol, todos los dibujos de Mariano dejaron de tener un Punto de Fuga real. Colocamos en la cabaña todos los adornos que conseguimos en el dibujo de Mariano.
 
Añadí las tiras cómicas de Mariano a nuestro periódico y nos dirigimos a la imprenta a editarlo. Ya allí editamos el periódico y salimos a venderlo como todas las semanas. Camino a casa pensamos que sólo cerrando los ojos y agarrando nuestras manos pudimos viajar al Punto de Fuga y lo mismo con los dibujos de Mariano ¡¡¡Eso sí que fue fantástico!!!
 
No sabíamos cómo pudo pasar, pero lo que sí sabemos es que esos viajes al Punto de Fuga y a los dibujos no fueron nuestros últimos.
 
Andrés D. Monsalvo
Zapala, Neuquen
 
Nota: escrito a finales del año 2000, cuando el autor tenía 10 años de edad.

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