Encontrándonos con nuestro femenino » Mensaje Andino en el Día de la Mujer 2005

Última actualización: 16/06/2009

DIA DE LA MUJER 2005

Cali - Colombia, Marzo 8 de 2005

 
Queridas compañeras:
Con el pretexto de la celebración del día de la Mujer y con la complicidad de los amigos de Rikcharina, quiero enviarles mi cariñoso saludo desde esta tierra hermana.
Creo que las verdaderas celebraciones son las que nacen del alma, las que surgen del deseo, las que emergen de los encuentros, las que no se planean ni se programan; por eso, vivo este día sólo como un pretexto para recordar que todos los días sobran motivos para celebrar la Vida, que cualquier momento es justo para abrazarnos y juntar nuestras manos, y mirarnos a los ojos para reconocer la belleza de la Vida, su magia y sus milagros.
Y justo de eso se trata esta celebración a la que me uno de corazón; a la alegría y a la esperanza infinita que surge de reconocer el milagro de Vida que somos nosotras, las mujeres, y que nos trasciende para hacerse presente en todos los seres humanos, hombres y mujeres, en la naturaleza y en el Universo entero. Celebramos hoy con júbilo, la luz que somos, la fuerza de lo femenino, que es la de la pertenencia a la tierra, la del poder de la integración, de lo sutil, de lo sublime, de lo mágico, de lo sensible y de lo creativo.
Por razones difíciles de entender, en los últimos siglos de nuestra historia, hemos ido olvidando que somos parte de la naturaleza, remolinos de un río en el que no existe principio ni final, nos hemos ido alejando de nuestra propia esencia, hemos ido confundiendo nuestros propósitos, nos hemos ido alejando de la Vida, creyéndonos protagonistas y dueños de un mundo que ni conocemos, ni respetamos, ni mucho menos amamos. Empezamos a creer que tener es más importante que ser, que nada tenemos que ver con los otros, que la felicidad se puede comprar, que la dignidad se puede vender, y que la identidad se puede cambiar por las apariencias.
Cada uno de nosotros vive estos olvidos, pérdidas y confusiones desde su propia cotidianidad, en la ciudad, en el campo, en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la intimidad, en las relaciones sociales, en el hacer político, en todo. Pero también, es justo desde nuestra propia cotidianidad que la Vida triunfa y nos recuerda lo que somos, y nos abraza, nos encuentra, y nos ilumina.
Todos los seres humanos, desde la fuerza de nuestro corazón, podemos reconocer lo que somos, reconciliarnos con los amorosos vínculos que inevitablemente nos unen a la naturaleza, volver a ver la fuerza que nos une entre sí, sentirnos montaña, río, flor, viento, sentir que somos en y por los otros, recordar que pertenecemos a la tierra, que nos pertenecemos. Dentro de cada uno de nosotros, y muy especialmente dentro de cada una de nosotras las mujeres, se encuentra la fuerza de esa Vida que por sobre todas las cosas, triunfa; se encuentra la sabiduría que respeta, que se asombra, que ama. Dentro de nosotras, la maravillosa posibilidad de “otro mundo posible”, dentro de nosotras, la esperanza...
Y eso, al conocerlas a ustedes, es hermosamente evidente. Veo, con la claridad del sentimiento, que sus manos están tejiendo día a día los lazos que nuestro mundo necesita resarcir, que sus ojos están iluminando nuestros sueños y propósitos para que se aproximen cada vez más a los del Universo, que sus corazones cuidan la sabiduría que nos permite el regreso a la tierra. Cada semilla que ustedes siembran, cada planta que preservan, cada niño que atienden, cada rostro que acarician, cada herida que curan, cada dolor que consuelan, cada historia que cuentan, cada risa, cada palabra, cada silencio y cada mirada, es una estrella que se enciende para que todas y todos seamos capaces de ver la Vida que somos, para que recuperemos la dicha de pertenecernos y la capacidad de amarnos.
Ustedes, mujeres de la tierra, son cuidadoras de una sabiduría que es de todos, son artesanas de un mundo en el que todos tenemos libertad para inventar nuestros propios sueños, para caminar a nuestro propio ritmo, para bailar y cantar nuestra propia música; ustedes son la inspiración de muchas otras artesanas y artesanos. Ustedes son impulso, son aliento, son conciencia; ustedes nos devuelven la fe y la esperanza; ustedes son Vida que cuida la Vida, y Amor que cuida al Amor. 
Me uno a esta celebración, compartiendo la alegría inmensa que siento al saberme parte de ustedes, y al sentir que mi ser se engrandece con su presencia.
 
Un abrazo muy grande,
Sandra Isabel 

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