Experiencias en Diversos Países » El Colegio La Morada del Sol y la séptima "A"

Última actualización: 12/06/2009
El colegio La Morada del Sol y la séptima “A”
 
Los milagros son las flores inesperadas de la vida, esas que nadie había imaginado, aunque todos hubiéramos podido desear, esas que llegan en el momento justo, y que nacen de las semillas que sin que nadie se de cuenta, el viento esparce, la lluvia riega y la tierra y el sol cuidan, esos son los milagros...
 
Hace más o menos un año en una vereda del municipio de Cerrito del Valle del Cauca en Colombia, nació un milagro...
Erika, una jovencita tímida y dulce contó un sueño y decidió que había llegado el momento de hacerlo realidad, iba a estudiar y a terminar su bachillerato.
Hizo un listado de las personas de la vereda que también iban a estudiar, porque los sueños de verdad son los que pertenecen a todos.
Erika contó su sueño a Nelcy, su nueva vecina y amiga, quien como sabia artesana de otro mundo posible, fue cómplice con la vida y permitió que el sueño siguiera su curso...
A los pocos días estábamos reunidos con Nelcy, un grupo de amigos que encontrábamos en el sueño de Erika, nuestros propios sueños... Nos unió el deseo de compartirNOS, de vivir encuentros auténticos y de promover la vida, nos unió la fe en que otra educación es posible, por fuera de instituciones, normas y contratos, sabíamos que el verdadero aprendizaje surge del deseo y de la solidaridad.
Nos encontramos unas quince personas, entre estudiantes y maestros, a veces más, a veces menos, en el camino los espacios y los tiempos fueron acomodándose a favor del milagro, y nunca al revez...
Los estudiantes son mujeres y hombres de 10 a 40 años, los maestros somos mujeres y hombres de 16 a 70 años, pero la verdad es que todos somos maestros y estudiantes al mismo tiempo.
Cada sábado nos encontramos para vivir nuestro colegio en el que aprender ha sido el propósito, el camino y la manera de caminar...
Creemos y promovemos el aprendizaje que es para y desde la libertad, la alegría, el afecto y el reconocimiento de las sabidurías y capacidades propias. Aprender para nosotros es ganar en conciencia, en alegría, en amor propio y en amor por la vida.
Las motivaciones de este caminar son las ganas y la esperanza, la metodología es la creatividad, y los recursos somos nosotros mismos, la fuerza del encontrarNOS y la compinchería generosa y sabia de la vida.    
Intentamos superar los fraccionamientos de la educación convencional, aprendiendo desde las vivencias de nuestros cuerpos, desde el juego y el arte, y desde la búsqueda constante de relaciones entre todos los temas y las materias.
Aprendemos desde nuestras singularidades, la diversidad es un recurso más, por eso intentamos respetar el ritmo vital de cada uno, el tiempo propio de aprendizaje.
Las cualidades y las calidades rigen el proceso, no es un problema de cantidad, los números se van rindiendo al proceso, se van rindiendo a la vida. Nos encontramos no para ser comparados ni controlados, nos encontramos para ser cada vez más libres y felices.
 
Un día de agosto del 2005, en una de las clase de ciencias naturales nos preguntamos ¿qué es la salud? y ¿qué necesitamos para estar sanos?, surgieron reflexiones muy hermosas y profundas.
Les conté de la Alegremia y de las seis “A” de la esperanza, y concluimos que la alegremia era una bella manera de decir lo que para nosotros significaba estar sanos, que era estar bien, también encontramos las seis “A” en nuestro listado de necesidades para estar bien, nuestras reflexiones coincidían con las de otras y otros de lugares distantes, estábamos viviendo un milagro más...
En un momento Natalia, una de las jóvenes estudiantes nos llamó la atención, faltaba una A... justo la que para todos estaba teniendo más sentido en este lugar y en este momento... faltaba el Aprendizaje... y tenía razón, cómo vamos a tener alegremia sin el aprendizaje que es la esencia de la vida...
Luego cada uno escogió una de las siete A y realizó una cartelera de dibujos y cuentos...
 
La séptima A nació en un lugar en el que la alegremia no llegó por casualidad, llegó porque su sentido es nuestro sentido, porque nuestro ser y nuestro hacer son consecuentes con la vida, porque nos sentimos vida dentro de la vida. El aprendizaje de la alegremia es el que surge del encontrarNOS y del pertenecerNOS.
 
Sandra Isabel Payán

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