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Última actualización: 20/08/2009

Hacia nuestra propia Salud

Sandra Isabel Payán *
Al preguntar a diferentes personas y grupos ¿qué es salud?, con mucha frecuencia aparecen significados diferentes al oficialmente aceptado y promovido por las instituciones y por las Universidades. Hay una distancia importante entre las concepciones propias y las definiciones establecidas de salud.
Es posible que tomar conciencia de esas diferencias, nos ayude a transitar el necesario camino de la transformación de nuestra manera de entender la Vida.
Nuestra concepción de salud es una expresión de la manera como nos relacionamos con los demás, con nuestro propio cuerpo y con todos los seres de la Naturaleza.
Sorprende y enriquece nuestras búsquedas el saber que para muchos Pueblos Originarios no existe la palabra “salud”. Ellos no tuvieron necesidad de nombrarla.
La existencia de la palabra “salud”, tiene que ver con la manera de concebir la vida de nuestra cultura occidental, y específicamente con nuestra lógica de la fragmentación.
Desde esta lógica, la salud es entendida como un compartimento de la Vida, del cual dan razón sólo “los expertos”, o como una cosa que “los que saben” le entregan a “los que no saben”, o como una meta a la que pueden aspirar sólo algunos.
Es por eso que nos urge encontrar nuevos significados, reinventar la palabra para aportarle a la reinvención de nuestra manera de pensar y de sentir, porque es cada vez más evidente que la racionalidad de Occidente no es apropiada para la Vida. Y lo más importante, es que esta racionalidad no es la más deseada por cada vez más seres humanos de nuestro planeta.
La palabra “salud” empieza a cobrar sentido en conceptos como “Salud de los Ecosistemas”, “Salud Comunitaria, “Salud en manos de la comunidad”, “Salud incluyente”, es decir, en conceptos en los que “salud” se entiende como una manera de nombra la Vida, y no como una parte de ella.
Aparecen preguntas que pueden enriquecer nuestras búsquedas personales y colectivas:
  • ¿Cuáles son los significados de salud que están surgiendo de la transformación de nuestras maneras de concebir la vida?
  • ¿De qué manera nos podemos aproximar a significados de salud más consecuentes con nuestros verdaderos deseos y necesidades?
  • ¿Es posible construir una concepción de salud al servicio del bienestar, de la felicidad y de la libertad de todos?
El propósito de los párrafos que están a continuación es el de “escuchar” diferentes voces sobre la concepción de salud, para descubrir desde la diversidad que somos, que transitamos hacia maneras diferentes de relacionarnos con la Vida.
El camino está lleno de esperanzas y las posibilidades son ilimitadas. Reafirmar que no existen definiciones únicas ni verdades absolutas, amplía el horizonte y lo llena de colores. Y recordar que nuestros procesos de aprendizaje son siempre inconclusos, aligera nuestro vuelo y lo hace más feliz.
  
La Organización Mundial de la Salud, que es el organismo de las Naciones Unidas especializado en salud, define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Se reconoce en esta definición el esfuerzo por superar el reduccionismo biológico de la concepción médica ortodoxa. Sin embargo, vemos aspectos fundamentales en los que esta concepción no favorece a la Vida, es decir, a la promoción de la libertad y de la felicidad de todos los seres de la Naturaleza, incluyendo a los seres humanos.
Estos aspectos son:
  • Considerar la salud como un “estado”, es desconocer el carácter dinámico de todos los procesos vitales.
  • La idea de “completo bienestar” dentro de la definición, implica la comparación de cada persona con un modelo de normalidad. Desde esta mirada, se cree que entre una persona (o una parte de ella) menos se parezca al modelo ideal, menos sano estará. Es decir, que se desconocen las singularidades y sabidurías propias de todo ser vivo. 
  • En esta definición no se incluye la totalidad de la Vida, es decir, todas las expresiones de la Naturaleza y sus relaciones. Hace referencia sólo al bienestar de los seres humanos, sin tener en cuenta que su existencia es sólo una emergencia más de las relaciones entre todos los otros seres.
  • Otro aspecto muy importante implícito en esta definición de salud, es que supone y favorece la dependencia, ya que la responsabilidad del cuerpo es delegada a personal especializado (médicos, enfermeras, etc.). Asimismo, las capacidades propias del cuerpo son negadas y artificialmente reemplazadas. Esta expropiación conlleva a establecer relaciones de dominación y a desconocer los poderes y saberes propios de las personas y de los pueblos.
Desde esta definición, que es una expresión de la racionalidad mecanicista, patriarcal y capitalista, la Vida se reemplaza, porque no se cree en lo que no se ve, en lo que no se puede comprobar por los métodos acomodados a la misma racionalidad.
Se reemplazan los ciclos naturales, por horarios, citas programadas y plazos, que responden a interese diferentes a los de la Vida. Se reemplaza el cuidado amoroso y sabio de la Vida, por severos contratos, costosos seguros y falsas certezas.
La generosidad de la Vida es ilimitada, pero no es posible verla desde esta racionalidad que reemplaza la relación respetuosa de la entrega, por el análisis frío de la posesión, es decir, la contemplación del amante, por el juicio del observador.
Con la alegría de la esperanza, volvemos nuestros ojos a otras definiciones de salud, que esencialmente reflejan otras racionalidades, otras maneras de relacionarse con la Vida. Formas de relacionarnos, de mirar y de sentir, a las que nuestros deseos están siendo más cercanos cada vez.
Una de estas definiciones la encontramos en el relato que hace Gabriela Acevedo, de un encuentro de salud comunitaria con personas del Pueblo Pilagá en el oeste de la Provincia de Formosa:
                        “... hace pocos días, mientras estábamos confeccionando un cartel que indica    la planificación de las futuras charlas, una de las personas que gestiona en salud, y que colabora diariamente con su comunidad comentó que en idioma pilagá no existe la palabra "salud". Entonces, le pedí que me dijera qué significa salud, para él. También invité a los demás a que hicieran su aporte. Intentaba abrir mis oídos para escuchar conceptos sobre una palabra que ellos no utilizan: salud.
            Para Pedro Yansi, una persona está sana si goza el día; tiene ganas de trabajar, de compartir con los demás; si tiene ganas de practicar deportes; si quiere reír junto con sus amigos; se levanta temprano y no duerme todo el día.
            A lo que Carlos Gómez agregó que cuando un hombre está sano no está quieto, siempre quiere hacer algo: hacer una chacra.
            Y por último, Norma Arce se animó a hablar y concluyó que la salud es cuando la tristeza se convierte en alegría... lo que hace de interesante este proyecto es saber que en cualquier momento surge una mirada nueva, un concepto nuevo. Y uno cambia”
            La sabiduría de este Pueblo Originario, nos da luces para descubrir nuevos significados, para volver a integrar lo que artificialmente hemos separado. La fuerza de la integración está en nuestras raíces.
Escuchando a los custodios de nuestras sabidurías ancestrales, sentimos la resonancia con lo que nuestra alma está buscando. Recordamos que alma y cuerpo son una sola cosa. Se nos va haciendo más difícil cada vez creer que hay unas enfermedades físicas y otras mentales, que para unas necesitamos médicos y que para otras psicólogos.
Volvemos a integrarnos, nos sanamos, volvemos a creer en nuestras intuiciones, dejamos de creer en las causas únicas, nos dejamos conmover por las  sincronías, porque todo en el Universo está en relación, todos somos uno. Entonces hay una sola salud, porque todos somos Naturaleza.
           Los Paeces son un Pueblo Originario del suroccidente de Colombia. Ellos tampoco utilizan la palabra “salud”. Sus concepciones coinciden con las de los Pilagás. Seguramente es porque se trata de una sabiduría que no es exclusiva de un pueblo, ni de un territorio, sino de la sabiduría a la cual le pertenecemos todos.
Estas son algunas de las respuestas de algunos de los Paeces a la pregunta ¿qué es salud?:
“- El bienestar físico, social, cultural, mental y espiritual de cada persona y de todo el “Resguardo” (organización política y territorial de los Paeces) con la Naturaleza y con los Espíritus.
- Tener tranquilidad y mantener buenas relaciones con los familiares y con la comunidad.
- Trabajar y colaborar con la comunidad.
- Estar feliz, despierto y ágil.
- Alimentarse adecuadamente.
- Es tener armonía con los demás, compartiendo ideas buenas.
- Es la armonía que existe en cada ser, en relación con la Naturaleza.
- Tener una vivienda digna para descansar, aseada, ordenada y bien distribuida. Vivir bien.
- Es trabajar, jugar, cuidar la vida y cuidar la familia.
- Estar en armonía con la comunidad, dialogo en comunidad y familia; un pueblo organizado, sin violencia.
- Estar bien nutrido, tener huerta casera, utilizar alimentación propia”.
Queda evidente que el Derecho a la Salud, no se refiere exclusivamente al Derecho a la Atención Médica, como suele creerse. Porque salud no es medicina, y a veces, medicina no es salud. Tener salud, según lo expresan los compañeros Paeces, significa tener condiciones de vida digna; dignidad definida desde las necesidades y posibilidades propias de cada comunidad y de cada persona.
Las mujeres campesinas también son custodias de esta sabiduría de la integralidad y de la pertenencia. Así lo expresa Julio Monsalvo en este relato de encuentros con “Doñas campesinas” del noreste argentino:
“…Se entra en el cuestionamiento que la salud sea un “estado de normalidad”, medido por esos análisis de laboratorio que hablan que todo está bien si la glucemia o la colesterolemia o lo que sea se halla entre valores mínimos y máximos.
            “Eso no puede ser, nos dicen las “Doñas” campesinas, así como hay enfermedades que son muy leves y otras más graves, la salud puede ser cada vez más linda, más saludable”
            Y así, como una travesura, surge esta nueva palabra: “Alegremia”, la alegría que circula por la sangre que es lo que indica la salud… Claro, nunca se va a “medir” pero sí a percibir en cómo nos sentimos, en cómo caminamos, en la luz en el rostro, en las estrellas en los ojos…
            Escuchamos a veces expresiones como la siguiente: “Miralo a Don Ramón, está mejor que nosotras… está en silla de ruedas pero… ¡mirá que alegremia que tiene!””
La salud, como proceso vital, no es medible, ni comparable, ni controlable. Así como estas Doñas campesinas, muchas personas ya no aceptamos ni creemos en un indicador de salud diferente a la “Alegremia”, a la sensación propia y profunda de bienestar.
Junto a ellas, promovemos el derecho a la alegría de vivir, al gozo irremplazable de vivir nuestros propios procesos, de responder nuestras propias preguntas, de dar nuestras propias explicaciones.
Esto significa romper con las pautas de consumo establecidas, porque la homogenización de nuestras necesidades, deseos y posibilidades no nos hace felices, no nos da Alegremia.
También en espacios más agresivos con esta sabiduría, como lo son las grandes ciudades, las mujeres son cuidadoras y promotoras de la Vida, gestoras de nuevas maneras de relacionarnos y de nuevos significados.
Esta es la definición de salud que surgió de un grupo de mujeres de un barrio humilde, en Cali, Colombia:
Salud es la búsqueda constante y solidaria de nuestra capacidad para sentirnos bien y generar bienestar
Se queda uno sin palabras frente a la profundidad de esta afirmación. Desde la grandeza de lo simple, plantea una superación de la definición establecida de salud. Nos devuelve, como las campesinas del relato anterior, la alegría y las ganas de vivir. Las ganas de buscar, de cuidar, de ayudar, de simplemente vivir.
Ninguna institución, ningún contrato, ninguna norma, ninguna formalidad, pueden reemplazar los vínculos, los afectos, las confianzas, las solidaridades propias de los seres de la Vida. Salud es dejarnos llevar por nuestra natural impulso de cuidarnos los unos a los otros.   
Estas sabias mujeres nos están invitando a desmedicalizar la salud, a desinstitucionalizar y desprofesionalizar nuestras relaciones y nuestras cotidianidades. Nos están invitando a desaprender.
 Hablan de “nuestra capacidad para sentirnos bien”, de esta capacidad que tenemos naturalmente, que no depende de nadie ni de nada, que se hace más grande entre más la compartimos. Esta capacidad propia de nuestro cuerpo de encontrar nuestros propios órdenes, de enfermar para sanar, de sanar para vivir.
Nuestros cuerpos nos hablan cada día de su poder y de su saber, cada vez estamos más preparados para escucharlo, respetarlo y quererlo. Ya no queremos hacer “lo que se debe”, ni desear “lo esperado”, ahora nos impulsan las ganas y la esperanza en lo inimaginado.  
 
            Estos “otros mundos posibles”, visibles en estas otras definiciones de salud, están más cerca de nosotros de lo que pensamos, están en nosotros, nos constituyen, son nuestras raíces.
Nuestras intuiciones, deseos, búsquedas personales y colectivas, nos hablan de esa fuerza de la Vida que bulle en nosotros y que nos está requiriendo. Por eso esta necesidad de coherencia que nos apremia, esta “nueva” conciencia que ilumina nuestras miradas, nuestros abrazos y nuestros pasos.
Así lo evidenciamos en diferentes encuentros con trabajadores de la salud en diferentes Provincias de Argentina. Estas son algunas de sus respuestas a la pregunta ¿qué es la salud desde mí?:
“- Sentirse bien con uno mismo y con el otro para complementarnos, integrarnos, intercambiar energía, generando armonía vinculándonos con la Vida
- Estar en armonía, Estar en paz
- Vivir en familia y en armonía con mis vecinos
- Conectarse con la Naturaleza
- Compartir
- Abrazar la Vida con sensibilidad cuidándome y cuidando al otro para ser feliz y estar en paz
- La salud es aprender a vivir con respeto a la Vida
- Sentirse bien
- Relación armónica entre nosotros y el medio”
La realidad está hecha de matices, nada en es en blanco y negro. Aunque a veces queramos encuadrarlo todo en “lo correcto” o lo “incorrecto”, en lo que sirve o lo que no, en el paradigma mecanicista o en el paradigma de la complejidad, vamos aprendiendo que la vida no funciona así. Todo se va mezclando, todo se va transformando caótica y ordenadamente para la sabiduría del Universo.
Creo que se trata de saber ver las señales para seguir el camino del corazón, soltar el control sabiendo que las cosas ocurren con nosotros y no por lo que hacemos o dejemos de hacer.  
Lo importante sucede más allá de las instituciones y de las coyunturas, pero son ellas, oportunidades para que pase lo importante.  
Una oportunidad por ejemplo, la encontramos en la Constitución de la Provincia de Formosa, la cual en su artículo 80, dice: “El Estado reconoce la salud como un proceso de equilibrio bio-psico-espiritual y social y no solamente la ausencia de afección o enfermedad; y un derecho humano fundamental, tanto de los individuos como de la comunidad, contemplando sus diferentes pautas culturales. Asumirá la estrategia de la atención primaria de la salud, comprensiva e integral, como núcleo fundamental del sistema salud, conforme con el espíritu de la justicia social”
Las palabras escritas en esta Constitución nos hablan de personas con entusiasmos, propósitos y sensibilidades diferentes a las esperadas. Estas palabras no son el cambio en sí mismo, son la oportunidad para hacerlo; expresan uno de esos resquicios por donde la Vida se le está escabullendo a la desesperanza y al absurdo. Hay aquí una oportunidad más para vivir nuestra pertenencia a la Vida, para asumir nuestro compromiso con los demás y con nosotros mismos.
Estamos recuperando la libertad para reinventarnos la vida a cada instante, y para ello necesitamos nuevos significados, más creativos, más profundos y más nuestros. Encontrarnos con lo que somos, en este momento histórico que transitamos, es una urgencia.
Vale entonces la pena preguntarnos frente a toda acción personal o colectiva: ¿qué es Salud desde nosotros?, ¿en que Salud pensamos? y ¿qué Salud sentimos?, para que el mismo acto de definir Salud, sea una sanación.
 
El Colectivo, Nº 19, Paraná, mayo/junio 2008
 
·       Médica:Terapeuta Neural; Especialista en Investigación en Sociología; Trabajadora comunitaria en el Distrito de Agua Blanca, Cali, Colombia; Activista del Movimiento Mundial de Salud de los Pueblos; Colaboradora del Programa Salud Comunitaria del Ministerio de Desarrollo Humano de Formosa y Promotora del Instituto de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario, PAIPPA, de Formosa

 

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