Aspectos Conceptuales » Disintiendo con James Lovelock - Julio Monsalvo

Última actualización: 11/07/2011

 

DISINTIENDO CON JAMES LOVELOCK
Comentando su Libro “La Venganza de la Tierra” (1)
Julio Monsalvo
 
Para quienes amamos la vida, James  Lovelock ha sido y es un referente muy conocido por ser el creador de Teoría Gaia.  La Teoría Gaia afirma que el Planeta Tierra, como un todo, es un sistema vivo que se autoorganiza.
Para el eminente físico cuántico Fritjof Capra, la Teoría Gaia “es quizás la más sorprendente y hermosa expresión de autoorganización” (2)
Me emocioné cuando recibí la noticia de la aparición del libro “La Venganza de la Tierra”, escrito por Lovelock en sus jóvenes y vigorosos 86 años de edad. El anuncio anticipaba que se trataba de una obra sobre lo que está pasando en la Tierra con el calentamiento global, proponiendo “soluciones realistas para el mayor problema que ha tenido la Humanidad”.
Esperaba encontrar informaciones y argumentos que potenciaran mi propia percepción del mundo, sin embargo no fue tan así. Algunas sorpresas me aguardaban.
Lovelock advierte que no se trata de un libro más sobre el calentamiento global.  “Lo que lo hace distinto es que hablo como un médico planetario cuyo paciente, la Tierra viva, tiene fiebre”. Como todo médico ortodoxo, se permite elaborar un diagnóstico, prescribir tratamientos y formular recomendaciones.
Quien esto escribe, médico sanitarista, viviendo en un rincón del norte de Argentina, se toma la atribución de disentir sobre algunas de sus recetas y propuestas.
Dejo constancia que en cada capítulo he encontrado coincidencias con muchas de sus apreciaciones, en especial en todo lo que gira alrededor de la necesidad de darle importancia prioritaria a la salud de la Tierra.
 
Clave de los desacuerdos
 
Siento que el núcleo de los temas de nuestro disenso es que partimos de una valoración diferente de la civilización dominante. “Nuestra causa será la defensa de la civilización”, es la bandera de Lovelock.
En tanto “mi bandera” es el cambio de civilización por “un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos”, tal como lo expresa el “Acuerdo de los Pueblos”, (Conferencia Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, Cochabamba, Bolivia, del 22-24/04/10).
Lovelock afirma con contundencia que “lo que está en juego no es la supervivencia de la especie humana sino la supervivencia de la civilización”. No cuestiona al modelo de vida dominante que llama la civilización, una civilización que “se derrumbará si abandonamos la tecnología”.
Tiene una elevada estima de lo que es “nuestra civilización” al afirmar que  “la especie humana es casi una enfermedad planetaria. Sin embargo, la civilización nos redime y nos convierte en un bien valioso para la Tierra.”
Todo lo contrario a mi percepción, que considera que esta civilización genera las “tres ex”: explotación, exclusión y extinción.
 
La energía nuclear
 
Reclama que se detenga el consumo de combustibles fósiles que son los grandes emisores de dióxido de carbono, con lo cual estoy totalmente de acuerdo.
Al mismo tiempo pide que se abandone la idea de las energías renovables, como la eólica y la solar, ya que éstas, a su juicio, no tienen tiempo de desarrollarse para proporcionar energía acorde con las demandas de esta civilización.
Desde las primeras páginas del libro, prescribe como principal “receta” la extensión del uso de la energía nuclear. Afirma que la energía nuclear es buena e inofensiva. “La energía nuclear es simplemente el mejor medicamento que nos proporcionará una fuente segura y constante de electricidad para que las luces de la civilización sigan encendidas…”
Teniendo en cuenta “la bandera” de Lovelock, su planteo del uso de energía nuclear resulta coherente con su valoración de la civilización.
Expone largamente acerca de las bondades de la fusión y la fisión nuclear, con argumentos al menos discutibles. Uno de ellos es que los residuos se pueden almacenar de manera segura en pozos de hormigón, admitiendo que podría ocasionar algún “pequeño perjuicio”, sin mencionar cuál sería.
Claro que esto lo ha escrito en 2006.  ¿Qué estará pensando tras el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 en Japón, que provocó el llamado “accidente nuclear” en la central de Fukushima?
Me sorprende que minimice los efectos de la catástrofe de Chernobyl, acaecida el 26 de abril de 1986. Resalta un informe que atribuye a la OMS a 14 y a 19 años del desastre, afirmando que “sólo encontraron pruebas de que hubieran muerto 45 y 75 personas respectivamente”, y que los mismo eran trabajadores de la central y personal de servicios como los bomberos.
No dice una sola palabra de los efectos persistentes en la vida y salud de la población de Ucrania, Belarús, Federación Rusa y otros países, ni de los 21.340 niños asistidos en Cuba. Bueno es recordar que en nuestro Hospital Garraham, también fueron asistidos niños de Chernobyl años después.
Afirma que la energía nuclear es segura, fiable y la única que satisfará las demandas “sin interferir la capacidad de Gaia para regular el clima”, ya que no emite gases que causen el efecto invernadero.  No dice nada del impacto ambiental de la actividad minera para obtener el combustible, sea uranio o torio.
No cuestiona a qué ni a quiénes satisfacen esas demandas, ni mucho menos para qué.
 
Soluciones de macroingeniería
 
Otro de los disensos es respecto al uso de tecnologías de macroingeniería para reducir el daño, con las cuales Lovelock se entusiasma tanto. Describe algunos proyectos presentados en la Conferencia “Opciones de la Macroingeniería para el cambio climático”, en la Universidad de Cambridge, en enero de 2004.
Uno de ellos plantea la construcción de  una pantalla solar gigante de 11 km de diámetro en el punto Lagrange, donde la atracción gravitacional del Sol y de la Tierra son iguales y opuestas. Otra posibilidad que se mencionó sería la de utilizar globos estratosféricos. También se propuso crear artificialmente nubes bajas marinas sobre los océanos. Lovelock retoma la idea del científico ruso M.I.Budyko, que consiste en esparcir en la estratósfera un aerosol de ácido sulfúrico que tendría la propiedad de contrarrestar el efecto invernadero, mediante el agregado de sulfuro en los combustibles de los aviones.
Mi posición es que se deben abordar las causas estructurales del calentamiento global, tal como se expresó contundentemente en la “Conferencia Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra”, y no la de atenuar sus efectos.
A mi entender, estas propuestas son propias del paradigma cultural dominante, el antropocentrismo, que se caracteriza por considerar al ser humano como centro de todo, con poder de controlar y utilizar, y que genera la ciencia de la manipulación.
¿Por qué no dejar de producir dióxido de carbono ya?
 
Otros temas de disenso
 
Me sorprende su propuesta respecto a la alimentación de la humanidad. Para que la tierra descanse, es decir que se deje de cultivar para que los ecosistemas se repongan, propone reiteradamente  “sintetizar comida”.
Expresa que la población del mundo debería vivir en ciudades densas y compactas, que ocuparían “poco terreno”, afirmando que  “la mayoría de nosotros prefiere vivir en ciudades, siempre que los depredadores de los bajos fondos estén fuera de nuestra vista”. Esta afirmación me resulta particularmente chocante. 
Más adelante asegura que “sea cual fuere la forma que tome la sociedad, seguirá habiendo pobres y privilegiados”.
Imaginando ese mundo ultratecnológico, afirma que estará de moda “entre los ricos comer comida real; verduras cultivadas en la tierra y cocinadas con carne y pescado”. Llama la atención que no explicita qué comerán los pobres. Habría que pensar que cuando propone comida sintética es para ellos.
Mi sentipensar es que la humanidad, si sobrevive, lo hará viviendo solidariamente, en comunidades pequeñas, en las que no existirán las categorías “pobres” y “ricos”.
En reiteradas oportunidades se manifiesta despreciativo con las Medicinas que llama “Alternativas”, ignorando las concepciones y los instrumentos de las Medicinas Tradicionales, Naturales y Bioenergéticas. ¿Será que Lovelock desconoce el paradigma de la complejidad?
Llama la atención cómo se ensaña con el libro “Primavera Silenciosa”, de Rachel Carson, que demuestra la mortandad de aves envenenadas por pesticidas. Atribuye a dicho libro que se prohibiera el  DDT y otros clorados, lo cual trajo como consecuencia, según Lovelock, que los países tropicales no pudieran erradicar el paludismo!.
Para Lovelock la muerte de las aves “no procedía simplemente del envenenamiento por pesticidas, los pájaros morían porque ya no había espacio para ellos en nuestro mundo intensivamente cultivado”.
No está de acuerdo con quienes consideran que los estilos de vida de los Pueblos Originarios sean naturales ni buenos. Tampoco comulga con quienes afirman que nuestra cultura es superior.  Concluye que en distintas épocas, la vida de las comunidades humanas ha sido siempre compleja, y que hemos adoptado conductas similares en distintos contextos.
 “Que la paz sea con vosotros, aborígenes. Individualmente no sois mejore ni peores que nosotros. Sólo que nosotros somos más y contamos con más medios”, Esta expresión me irrita y me duele.
Mis vivencias en este amado norte de Argentino me han dado  otra visión del mundo,  gracias a los Pueblos Originarios que aquí habitan.
A ellos y a las familias campesinas criollas, mi gratitud por enseñarme a recuperar el sentido de pertenencia a la Pachamama, a la Vida, para volver a saber y sentir que ¡Soy Naturaleza!
 
Tierra Viva
 
En este libro, Lovelock, a quien hay que reconocer su sinceridad, se ocupa muy bien de aclarar que cuando habla de “Tierra Viva” lo dice sólo como metáfora, y que por lo tanto no quiere decir que la Tierra sea un organismo consciente. Esto también fue para mí una sorpresa.
Parecería que para Lovelock, Gaia es una intelección. No se siente parte de Gaia.
Mi percepción espiritual es que todo está vivo y tiene conciencia de su aporte a la vida.  Como expresa Hilario Moreira, del Pueblo Originario Guaraní de la Provincia de Misiones, “para nosotros los montes, los ríos, todo tiene alma y espíritu…”
Desde la recuperación del sentido de pertenencia a la Naturaleza, otra ética se ha de generar. En Cochabamba quedó muy claro que “la humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.” (3)
En otro trabajo he afirmado que “no sólo es necesario dejar el capitalismo, sino abandonar la cultura antropocéntrica que lo ha generado”. (4)
La revolución que estamos propiciando y protagonizando ya, es la del cambio cultural, del antropocentrismo al biocentrismo. De sentirnos el centro de todo a sentir que la Vida es el centro, que somos vida dentro de la Vida, una trama más en el tejido de la Vida.  
Desde la cotidianeidad, las revolucionarias y los revolucionarios estamos construyendo políticas biocéntricas, tomando decisiones que aportan a la salud de las relaciones con una misma/uno mismo, con otros seres humanos y con toda forma de vida, flora, fauna, suelo, aire, agua…
Sabiendo que toda acción por la salud de los ecosistemas locales, promueve la salud del Ecosistema Planeta Tierra.
 
 NOTAS
 
(1)   Lovelock, James; La Venganza de la Tierra, La Teoría Gaia y el Futuro de la Humanidad; Edit,. Planeta, 2007, Buenos Aires, 249 pág. Publicación del autor 2006, The revenge of Gaia: why the Earth is fighting back and how we can still save humanity
(2)   Capra, Fritjof; La trama de la vida; Edit. Anagrama, Barceloma, 1998; pág. 117
(3)   Acuerdo de los Pueblos, Conferencia Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, Cochabamba, Bolivia, del 22 al 24 de abril de 2010.  
(4)   Monsalvo, Julio; Amanecer de una nueva historia; Cuadernos para la Emancipación, N° 7; agosto 2010; pág.87
Formosa, 20/06/11
 

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