Cartas que salen del cuerpo » Nº 27; Civilización de la Pertenencia, 21/09/10

Última actualización: 23/09/2010

 

Carta 27: 21/09/10
 
CIVILIZACIÓN DE LA PERTENENCIA
 
“Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos”, es la contundente afirmación del “Acuerdo de los Pueblos” (Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, Cochabamba, abril 2010).
 
En otras palabras, es un llamado a construir una Nueva Civilización y esto es Revolución.
 
Decíamos que revolución es cambio y en este instante en el cual la supervivencia de la humanidad se halla amenazada, la Revolución es Cambio de Cultura.
 
Cambiar el modelo patriarcal, amante de la fuerza y del dominio explotador, por lo matrístico que emerge con su impronta de ternuras solidarias respetuosas de la Vida.
 
Se trata en definitiva de un cambio de sentimiento. Desechar el sentimiento antropocéntrico para abrazarnos al biocéntrico. Dejar de sentir que somos los dueños de la Naturaleza para sentir que somos Naturaleza.
 
¿Cómo se expresa el sentimiento de “Pertenencia a la Naturaleza”?
 
         Vivencias cotidianas ya nos están dando luces de la Civilización de la Pertenencia.
 
Compartimos algunas de ellas.
 
Las plantas son mis hermanas
 
Doña Santa, anciana campesina de la Cuña Boscosa, en el Chaco Santafesino, nos daba sabias lecciones de vida:
 
“No es cosa de agarrar una planta así no más y arrancarla.  Las plantas son seres vivos que hizo Dios al igual que a mí y a todos nosotros.  Tenemos que tratarlas bien, hablarles, pedirles permiso si vamos a tomar algo de ellas para curar a alguien. Explicarles para quién es y porqué les vamos a pedir una hojita, o un cogollito o una flor… ¿Le hacemos caso al Sol? ¿Nos levantamos y nos acostamos con él? ¿Qué hacemos cuando nos despertamos? ¿Damos gracias por estar vivos como hacen los pajaritos cantando? ¿Abrazamos los árboles?”
 
“Pertenezco, por lo tanto soy”
 
         Aleyne Watene, del Pueblo Maorí de Aotearoa, la “Tierra de la Larga Nube Blanca”, el verdadero nombre de la hoy llamada Nueva Zelanda, nos decía en la I Asamblea Mundial de Salud de los Pueblos, en Bangladesh, en diciembre de 2000.
Yo no sé de dónde salió el dicho ‘Pienso, luego existo’, no nos gusta, comparto lo que dice mi pueblo: Pertenezco, por lo tanto soy”.
 
Ecología profunda
 
Arne Naess, filósofo noruego, fundó en los años 70, la Escuela “Ecología Profunda” que plantea cuestiones cada vez más profundas, proponiéndose descender hasta las raíces de la civilización hegemónica. No separa nada del entorno natural: concibe al mundo como una red de fenómenos, interconectados, interdependientes.
 
Todos los seres vivos tienen valor intrínseco. Los seres humanos somos una hebra más en la trama de la vida. Se trata de una percepción espiritual que hace que “no me sale” agredir a ninguna forma de vida.
 
         El “Acuerdo de los Pueblos” nos plantea reconocer “a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual”.
 
Asumirlo en lo cotidiano es protagonizar esta Revolución por la Vida cambiando de cultura, cambiando el sentimiento de poseer y dominar, por el de ser, estar y hacer en comunidad.
 
Hasta la Victoria de la Vida Siempre!  
Julio

 

 

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