Cartas que salen del cuerpo » #17 - Primer Mundo ¿Modelo de Desarrollo? (18/06/08)

Última actualización: 21/06/2009
Estoy arribando por vez primera al “primer mundo”. Estamos en enero del 80, en plena época del furor del neoliberalismo impuesto por el proceso militar. Ha sido una aventura conseguir pasaje para llegar a Nueva York, donde he sido invitado a una conferencia sobre cooperación internacional en la atención de la salud.
Sólo consigo un vuelo que me lleva a Los Ángeles, a la costa oeste de los Estados Unidos.
Estoy amaneciendo a un soleado agradable domingo. Mucha gente paseando, festivales barriales, carreras de bicicletas y muchos otros entretenimientos.
Escucho conversaciones y anuncios en altavoces en el idioma español, lo cual me hace tomar conciencia que estoy en el Estado de California, en esta California que le fue arrebatada a México por los Estados Unidos durante la guerra de 1846 a 1848. 
Estados Unidos se quedó con más de la mitad del territorio mexicano. Todo lo que hoy es Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado y Wyoming pertenecían a México.
Busco un diario en español y encuentro “La Opinión”. Lo compro y descubro un pequeñísimo aviso apelando a la solidaridad de la comunidad chicana, como se los llama a los emigrantes mexicanos.
Da una dirección donde se pueda hacer llegar un donativo para financiar la operación cesárea de una compañera, ya que el niño se halla en posición transversa.
Me quedo con esa inquietud (y con muchas otras).
Llego al fin a Nueva York. Me encuentro con uno de los de los funcionarios que me ha invitado a la conferencia e inmediatamente le cuento del aviso que leí.
Me responde que seguramente se trata de una persona indocumentada y que por lo tanto se halla en el país “ilegalmente” Por esa razón no puede acceder al “carné de pobre” para ser asistida.
Ante mi asombro y mi insistencia acerca de qué podría ocurrir si no se reunía el dinero, me vuelve a responder: “Pues…son ilegales”
Me hace recordar lo que me enseñó un juez amigo, “lo legal no es siempre sinónimo de lo justo”
Pasan exactamente diez años. Regreso al mismo Nueva York, esta vez en vuelo directo, invitado a una conferencia similar. 
Estoy más tiempo en las oficinas y palpo el exacerbado individualismo y la marcada diferencia entre quiénes tienen los “portafolios” y quiénes no, al decir de una secretaria portorriqueña. Los “portafolios” son los cargos de conducción.
“Casi todos son de los gringos, alguno de tanto en tanto se le otorga a una persona de origen afro, mientras que ninguno a los hispano parlantes”.
Una de las cosas que más me llama la atención es tener noticias de cómo se ha difundido la práctica de hacer “demandas” judiciales, como una suerte de deporte. 
La misma secretaria portorriqueña me cuenta del cuidado de barrer la vereda de su casa apenas deje de nevar, pues si alguien se resbala la demandan. ¡Se naturalizan estos cuidados, no por solidaridad pensando en que la otra persona no se dañe, sino en que “no me demanden”!
Veo la fastuosidad del “Waldorf Astoria” y la pobreza en la mismísima 5ta. Avenida cuando uno se aleja un poco del centro.
Pertenezco a una generación a la cual se le ha dicho que existen tres clases de países: desarrollados, en vía de desarrollo y subdesarrollados.
¿Quién estableció estas categorías? ¿Con qué parámetros se los mide?
Y digo bien que se los “mide”, pues se trata de medir todo con la visión del sistema capitalista utilizando una sola variable: la variable monetaria.
Sucesivas generaciones transcurren sus vidas con la imagen del “modelo ideal”: ser como el primer mundo.
Sueñan con llegar allí individualmente o que su país también se incorpore a ese mundo.
Mi generación también escuchaba a sectores progresistas proclamar la consigna “¡Arriba los de abajo!”
¿Vivir como se vive en el primer mundo es sinónimo de justicia social? ¿Estar “arriba” es vivir con las mismas pautas de consumo de esas sociedades?
En el transcurso de pocas semanas en las que estuve en el primer mundo vivencié el exacerbado consumismo. Estos países “desarrollados” bien merecen llamarse “hiperconsumistas”.
¿No se tiene conciencia de la responsabilidad que le cabe al hiperconsumismo por el daño a la salud del Planeta todo?
Me llega recientemente una información acerca de la cantidad de automóviles en los Estados Unidos. De cada 100 personas, 77 poseen automóviles que los utilizan individualmente sin compartirlo con otras personas.
Existen más de 800 millones de automóviles en el mundo, los cuales consumen más del 50% de la energía.
Resulta que el automóvil individual es el primer causante del calentamiento global.
¿Qué pasaría si la justicia social significara que todos fuéramos hiperconsumistas?
¡Tendríamos más de cinco mil millones de automóviles!
¿Dónde los estacionaríamos? ¿Con qué combustible los pondríamos en marcha? ¿Por qué rutas transitaríamos?
Esto es sólo un pequeño ejercicio matemático. con una sola de las variables del hiperconsumismo cotidiano, que nos muestra que este “modelo de desarrollo” es totalmente inviable.
Sólo es apetecible para el que “quiere llegar” sin tener en cuenta a la inmensa mayoría de la humanidad.
Una querida amiga durante su estadía de estudio en España comparte el relato de sus emociones al encontrarse con una pareja que fue a ganar dinero.
Muy trabajadores los dos, no pudieron seguir estudiando, lo cual les causa una profunda insatisfacción y sólo hablan del trabajo.
“Se gana muy bien, dicen ambos, pero estamos muy cansados…ya no sabemos si es un cansancio físico o psicológico por pensar tanto en hipotecas, facturas…siempre hablamos de trabajo. Tenemos libre un día por semana pero estamos muy cansados y no nos gusta el trabajo”
Se podrían multiplicar ejemplos de los que les “va bien” y de otros a los “que no les va bien”.
Una Hermana religiosa, allá por los 90, contaba que cada vez le cuesta más ir a visitar a sus familiares a Europa. “Hablo con inmigrantes y todos me dicen lo mismo…. Venimos a ver si quieren compartir algo, y si no, al menos nos verán morir…”
Estas historias son sólo un emergente de la esencia de un sistema que se siente exitoso con cada vez más y más lucro sin importar el sufrimiento humano ni de ninguna forma de vida. 
La crueldad manifestada con seres humanos, con animales, árboles, plantas, ríos, suelos, aire por la voracidad del lucro, será para vergüenza ajena de las generaciones futuras si es que sobrevivimos.
Está claro que muchos, arrojados a la indigencia por la cruel explotación e indiferencia de los que tienen, arriesgan su vida para poder llegar a unos de esos países para sobrevivir. Lo hacen tratando de cruzar el fatídico muro que levanta EEUU en su frontera con México o navegando por el Caribe o por el Mediterráneo en precarias embarcaciones.
Y otros, sin ser indigentes, entendiendo que “progresar” es tener más, buscan una y mil maneras de llegar al primer mundo y establecerse en alguno de esos países.
Estoy llegando a Ecuador por primera vez en este mes de junio del 2001 dispuesto a participar en el Seminario sobre Globalización, Salud y Desarrollo.
Me impactan los trabajos que se presentan sobre el daño que genera la emigración de los padres en la salud de los niños y adolescentes.
En viajes sucesivos me voy enterando de cosas muy dolorosas. Mafias que trafican personas para ingresar a EEUU o a países europeos a cambio de grandes sumas de dinero, de firmas de hipotecas sobre sus propiedades y con muchos otros engaños.
Estoy ahora en enero de 2005 en la ciudad de Azogues, otra vez en Ecuador. El Municipio ha convocado a estudiantes de escuelas primarias a un taller sobre las A de la Esperanza y Alegremia.
Dieguito Neira, el niño coordinador del Taller, propone que la “A” de Alberge sea caracterizada por “Protección”
Levanta su manito un nene de 10 años. Se pone de pie y expresa: “Yo vivo en una casa grande, ¿de qué me sirve? Mi mamá y mi papá emigraron…Yo propongo “Albergue: Protección Sí, Emigración No”
Ya cerrando esta carta leo que el Parlamento Europeo ha aprobado en el día de la fecha la inhumana “Directiva Retorno”, ley que faculta detener y expulsar a “inmigrantes ilegales”, como si a Europa no tuviera ninguna responsabilidad de la pobreza y la indigencia generado en el “Sur”. Otra vez el recuerdo de la enseñanza del juez amigo: lo legal no es siempre lo justo.
Me duele esta Europa a la que visité por primera y única vez en el 83, cuando los exiliados políticos de este continente eran recibidos por varios países, aunque muchos de ellos ya me hablaban de una sutil discriminación,
En pocos años la discriminación dejó de ser sutil. Ahora nuestros compatriotas de la Patria Grande reciben el burlesco y agresivo mote de “sudacas”
Desde que lo conocí, definitivamente no quiero vivir en ese primer mundo nada solidario
Mucho muchísimo se ha escrito demostrando hasta matemáticamente la inviabilidad del modelo del “primer mundo”, el modelo civilizatorio de las tres “ex”: explotación, exclusión y extinción
El hiperconsumismo es el resultado de la invención interesada de generar compulsivamente la satisfacción de necesidades artificiales en busca del lucro y la acumulación de dinero en manos de unos pocos a costa de la dependencia de la mayoría y de la explotación a toda forma de vida.
Es muy esperanzador el sentimiento de mujeres campesinas, de los Pueblos Originarios y de jóvenes de todas las edades que cada vez sienten con más firmeza que para vivir sólo se necesita las A de la Esperanza: Aire, Agua, Alimento, Albergue, Amor, Arte, Aprendizaje, Amistad, Armonía…
Desde la libertad, desde la luz del encuentro y desde la conciencia estamos viviendo la Revolución Mundial por la Vida, la cual significa el tránsito del soberbio antropocentrismo al respetuoso biocentrismo
Así superaremos esta “Era Anti-Biótica” para introducirnos a la “Era de la Alegremia”
Estos sentimientos, creo, son los que se generan desde los sueños por un mundo en donde todos compartamos, cooperemos en otro modelo de desarrollo cuya esencia es vivir en felicidad con lo necesario.
Esto significa otro modelo civilizatorio. Son sueños, claro que sí, son nada menos que esos poderosos soñares que mueven la Historia.
 
Hasta la Victoria de la Vida Siempre !
Julio

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